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El remolque拖绳(西文公版)pdf/doc/txt格式电子书下载

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书名:El remolque拖绳(西文公版)pdf/doc/txt格式电子书下载

推荐语:

作者:BaldomeroLillo著

出版社:五洲传播出版社

出版时间:2016-09-01

书籍编号:30521570

ISBN:

正文语种:中文

字数:3610

版次:

所属分类:外语学习-其他语种

全书内容:

Información de Copyright


Título del libro:El remolque


Autor:Baldomero Lillo




La Editorial Intercontinental de China cuenta con ll copyrights del libro. No se puede redactar y reimprimir parcial o totalmente los contenidos del libro en ningún lugar de ninguna forma, incluidos los gráficos y las letras.




Fecha de revisión final:2016-09-01




Publicador: China Intercontinental Press


Página Web:www.thatsbooks.com

El remolque




[Cuento. Texto completo.]




Baldomero Lillo




-...Créanme ustedes que me cuesta trabajo referir estas cosas. A pesar de los años, su recuerdo me es todavía muy penoso.




Y mientras el narrador se concentraba en sí mismo para escudriñar en su memoria, hubo por algunos momentos un silencio profundo en la pequeña cámara del bergantín. Sin la ligera oscilación de la lámpara colgada de la ennegrecida techumbre, nos hubiéramos creído en tierra firme y muy lejos del \"Delfín\", anclado a una milla de la costa.




De pronto quitóse el marino la pipa de la boca y su voz grave y pausada resonó:




-Era yo entonces un muchacho y servía como ayudante y aprendiz en diversas faenas a bordo del \"San Jorge\", un pequeño remolcador de la matrícula de Lota.




La dotación se componía del capitán, del timonel, del maquinista, del fogonero y de este servidor de ustedes, que era el más joven de todos. Nunca hubo en barco alguno tripulación más unida que la de ese querido \"San Jorge\". Los cinco no formábamos más que una familia, en la que el capitán era el padre y los demás los hijos. ¡Y qué hombre era nuestro capitán! ¡Cómo le queríamos todos! Más que cariño, era idolatría la que sentíamos por él. Valiente y justo, era la bondad misma. Siempre tomaba para sí la tarea más pesada, ayudando a cada cual en la propia con un buen humor que nada podía enturbiar. ¡Cuántas veces viendo que mis múltiples faenas teníanme rendido, reventado casi, vino hacia mí diciéndome alegre y cariñosamente: \"Vamos, muchacho, descansa ahora un ratito mientras yo estiro un poco los nervios\"!




Y cuando desde el toldo, a cubierto del sol o de la lluvia, miraba el ancho corpachón del capitán, su rostro colorado, sus bigotes rubios un tanto canosos y sus ojos azules de mirada tan franca como la de un niño, sentía que una ternura dulce y profunda me inundaba el alma y desbordaba de mi razón. Por salvarle de un peligro hubiera sacrificado mi vida sin vacilación alguna.




Hizo una breve pausa el narrador, llevóse la pipa a los labios y prosiguió, después de lanzar una espesa bocanada de humo:




-Un día levamos ancla al amanecer y pusimos proa a Santa María. Remolcábamos una lancha con madera, en la cual íbamos a traer, de regreso, un cargamento de pieles de lobo marino que debía embarcar, a la mañana siguiente, el transatlántico que pasaba con rumbo al Estrecho. El mar estaba tranquilo como una balsa de aceite. El cielo era azul y la atmósfera tan transparente que podíamos percibir, sin perder un solo detalle, todo el contorno del golfo de Arauco.




Todos, a bordo del \"San Jorge\", estábamos alegres y el capitán más que ninguno, pues el patrón de la lancha que remolcábamos era nada menos que Marcos, su querido Marcos que de pie en la popa, doblegando entre sus manos como un junco la larga bayona, obligaba a la pesada mole a seguir la estela que iba dejando en las azules aguas la hélice del remolcador.




Marcos, hijo único del capitán, era también un amigo nuestro, un alegre y simpático camarada. Nunca el proverbio \"de tal palo tal astilla\" había tenido en aquellos dos seres tan completa confirmación; semejantes en lo físico y en lo moral, era aquel hijo el retrato de su padre, contando el mozo dos años más que yo, que tenía en ese entonces veintiuno cumplidos.




Deliciosa fue aquella travesía. Bordeamos la isla por el lado sur y, a mediodía, habíamos fondeado en la ensenada, término de nuestro viaje. Descargada la lancha, después de una faena pesada y laboriosa, esperamos el nuevo cargamento que, debido a no sé qué imprevista dificultad, no estaba aún listo para proceder a su embarque, cosa que puso de malísimo humor al capitán. A la verdad, sobrábale razón para disgustarse; pues el tiempo, tan hermoso por la mañana, cambió, al caer la tarde, súbitamente. Un nordeste que refrescaba por instantes picaba el mar azotándolo con violentísimas ráfagas, y fuera de la caleta arremolinábanse las olas en torbellinos espumosos. El cielo de un gris de pizarra, cubierto por nubes muy bajas que acortaban considerablemente el horizonte, tenía un aspecto amenazador. En breve la lluvia empezó a caer. Fuertes chaparrones nos obligaron a enfundarnos en nuestros impermeables, mientras comentábamos la intempestiva borrasca. Aunque la calma del océano y el enrarecimiento del aire nos hicieran aquella mañana presentir un cambio de tiempo, estábamos, sin embargo, muy lejos de esperar semejante mudanza. Si no fuese por el apremio del transatlántico y las perentorias órdenes recibidas, hubiéramos esperado, al abrigo de la caleta, que amainara la violencia del temporal.




Llegó por fin el ansiado cargamento y procedimos a embar

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